Avr/08/2008 - 20:09:16
TIBET
Defender y apoyar el levantamiento de los lamas y sus fieles, intoxicados por el fanatismo budista, sería como apoyar una hipotética sublevación promovida por el Cardenal Rouco y apoyada por el radicalismo fanático nacional católico, para restablecer en España el régimen feudal de los Reyes Católicos. Tal afirmación no es tan absurda y disparatada como puede parecer a primera vista,
El régimen que imperaba en el Tibet hace cincuenta años, cuando el Estado Chino recuperó el poder en los ricos valles de la estepa tibetana, era el mismo que cuando siglos atrás, se impuso la autocracia feudal de los monasterios budistas. La población tibetana, campesina en su inmensa mayoría, trabajaba en condiciones muy parecidas a la de los agricultores del mediévo europeo, sometidos a la gleba. Cerca de tres mil monasterios, agrupando unos ciento veinte mil sacerdotes o lamas, poseían las mejores, por no decir únicas, tierras cultivables del territorio. Las labores agrarias se realizaban con los mismos métodos arcaicos que siglos atrás. La mayor parte de los escasos recursos obtenidos de la agricultura., complementados por la artesanía y el turismo, se gastaban en el mantenimiento de los monasterios y de sus lamas y en las continuas y costosas ceremonias religiosas exclusivamente dedicadas a tratar de mantener vivo el fanatismo religioso de una población analfabeta y miserable . En poco más de cincuenta años, - la entrada del ejercito chino en Lhasa se produjo en 1953 – Tibet ha pasado, gracias al enorme esfuerzo del gobierno chino, en educación, modernización de la agricultura, infraestructuras, industrias etc.., de ser una de las regiones mas atrasadas y pobres del mundo, a ser una de las más prosperas, con una tasa de desarrollo económico y cultural que la ha permitido integrarse como una provincia más de la gran China de hoy.
No puede uno, a este respecto, dejar de mencionar la reciente inauguración de la línea de ferrocarril que, cruzando miles de kilómetros de desierto, une Lhasa con el conjunto de la red ferroviaria china, acabando con su aislamiento histórico, y abriendo el mercado chino a los productos de la nueva y pujante producción industrial y agrícola del Tibet.
China es un enorme continente con más de mil quinientos millones de habitantes; conforma un Estado multirracial que ha tenido siempre a lo largo de sus miles de años de historia y sigue teniendo hoy grandes dificultades para mantener su unidad política frente a movimientos independentistas, minoritarios pero importantes, particularmente en sus provincias orientales en las que el budismo ha tenido siempre fuerte arraigo en la población campesina. Un proceso de transformación política, económica y social como el producido en los últimos 50 años implicaba necesariamente tener que vencer fuertes resistencias internas. Particularmente en el Tibet, la influencia de los lamas y de los sectores budistas era considerable y su oposición principalmente centrada en la defensa de su religión y de sus tradiciones ancestrales, se expresó a lo largo de los años en frecuentes revueltas y manifestaciones no siempre pacíficas contra las nuevas instituciones instauradas por el Estado Chino. Ni los llamamientos a la paz y al entendimiento del Dalai Lama, refugiado en la India lograban contener la agresividad de los miles de lamas privados de sus monasterios y de sus privilegios.
Sin embargo la extrema violencia de los ataques que se están produciendo estos días contra las autoridades tibetanas no es casual; entra de lleno en la campaña orquestrada por EE.UU y las grandes potencias occidentales, para desprestigiar a la nueva China boicoteando unos Juegos Olímpicos que se anuncian aún más espectaculares que los precedentes. Los Juegos Olímpicos son mucho más que un simple evento deportivo, aunque ese sea su esencia. Para el propio país que los organiza aportan un fortísimo impulso en todos los aspectos de su vida comercial, económica y política; sabemos en España lo que supusieron para nuestro país los Juegos de Barcelona. Pero, mucho más que el efecto interno, son las repercusiones mediáticas que su éxito pueden tener a nivel mundial y particularmente en la opinión pública de los países en desarrollo, donde China está desarrollando un enorme esfuerzo de ayuda económica y comercial. Desaparecida la Unión Soviética ,es China, bajo la dirección política de su Partido Comunista, el gran enemigo potencial de Occidente. Sus productos están ya invadiendo los mercados en el mundo entero en condiciones muy difíciles de competir y su creciente poder financiero representa ya una grave amenaza para el sistema globalizado de economía de mercado que Estados Unidos y Europa pretenden imponer a nivel mundial. En este contexto se explica sobradamente la frialdad con la que están siendo acogidos los Juegos Olímpicos de Pekín y ,en contraste, el despliegue mediático totalmente exagerado y fuera de la realidad respecto a las algarradas de los lamas y la supuesta violencia de la represión por parte de las fuerzas del orden chino.
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